Malditas tus rosas

Maldita exuberancia la de las rosas. Esas que tanto me hacen odiar su aroma, cuando quien las envía eres tú.
Maldito su olor y su belleza, que me traen recuerdos que quiero borrar,que con su rojo que me duele a los ojos, me recuerdan que existes, me tientan a olerlas, a tocarlas.
Maldito su tacto suave y sedoso, que me recuerda como era mi piel bajo tus dedos.
Aborrezco ver tu nombre en la tarjeta y al momento ver tu sonrisa mezquina, tus sucias manos, tu desquiciada mente y tu perversa alma, negra como la oscuridad. Tú no tienes derecho a comprar algo bello como las rosas, lo perdiste recreándote en el dolor que causas a todo el que se acerca a ti, ni tan sólo a mirarlas, porque sólo con tu presencia cualquier cosa hermosa del mundo se pervierte y pierde su brillo.
Las odio, cada vez que llegan, sin aviso, sin esperarlo, pero siempre llegan, antes o más tarde, en días señalados o simplemente porque sí. Pero ahí están recordándome un pasado que intento que no exista, recordándome hasta que punto alguien puede ser cruel queriendo ser educado, hasta que punto alguien puede llegar a la tiranía simulando ser cariño y protección.
Flores disfrazadas de flores, que en realidad son una muestra de autoridad. Son tu golpe de puño en la mesa gritándome que no voy a olvidar mientras tú no lo quieras, de que aunque pasen los años, aunque pasen las vidas jamás podré hacer como que no exististe, como que no pasó. Son tu manera de no dejar vivir, de demostrar que sin tu permiso nadie puede dejar de mirar atrás, que por muy lejos que estés, por mucho tiempo que pase, tú sigues ahí, vivo y al acecho, amenazando con tu sola existencia una paz que contigo es impensable. Es tu sutil forma de demostrar que no hace falta morir para vivir en el infierno, y que se puede morir por dentro sin dejar de respirar.
Malditas rosas que deberían llegar con otras tarjetas, con otros nombres o a otras destinatarias. O, al menos, ser negras como tu alma y no rojas como las lágrimas de sangre que me hiciste derramar con tus traiciones.
Pero las acepto. En lugar de tirarlas mi sentimiento de culpa por haber sido tan ciega hace que firme y las coloque en un jarrón, sin regarlas, sin casi mirarlas, sólo esperando que marchiten y mueran, deseando que tú corras su misma suerte y que todos mis recuerdos de tí acaben pudriéndose  y desapareciendo en un cubo como harán ellas.

Un pensamiento en “Malditas tus rosas

  1. Dedicado a @BioJuancho (un fantástico twittero) para que vea un asomo de lo que puede ser un cabreo.😄 (El contenido no va dirigido a él, por supuesto, sólo la publicación en su honor)

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