Te echo de menos

Te echo de menos tanto que se me hace duro hasta nombrarte. Lo evito siempre que puedo. Sigo sin entender porque te fuiste, aunque sabía que lo harías tarde o temprano, pero sigo sin comprender, sin aceptar, sin querer convencerme de que no hay vuelta atrás. Te fuiste sin más. De golpe. Sin despedidas, sin dejar que me despidiera. Sin tiempo a que me diera cuenta y lo aceptara.
Y echo de menos tu risa y tu ironía. La complicidad de tu mirada inteligente cuando teníamos algún buen plan.
Y sigo llegando a casa pensando que estás, y entro y recuerdo que te fuiste, y entonces pienso en todo lo que no hice. En que no te pedí perdón por mis rabietas, por mis enfados ni por todas las cosas malas que pude hacer. En que no te dí las gracias por todo lo que me diste, por tu paciencia y por todos los buenos momentos.
Y entonces es cuando duele, cuando la realidad cae encima como una losa, cuando voy a comprar regalos y en cada escaparate veo algo que te gustaría y ya no puedo regalártelo y es entonces cuando me doy cuenta de que no habrá una segunda oportunidad y grito por dentro de rabia porque me enfada que no pueda ser. Sólo me consuela que a veces, en medio del silencio, me parece sentir tu olor y quiero creer que eso significa que te acuerdas de mi. Me consuela el saber que nunca hacían falta palabras, con una mirada o un gesto nos entendíamos y espero que supieras todo lo que no pude decir.
Pero aun así, te echo de menos. Demasiado. Hace ya mucho tiempo y sigo esperando que un día venga y estés. Sin más, sólo que estés. Sin preguntas ni explicaciones, sólo que haya vuelto el tiempo atrás. Que desaparezca todo este dolor que nunca he conseguido sacar. Poder llegar a casa y pedirte ayuda o preguntarte una duda, porque tú sabías hacerlo todo y sabías todas las respuestas. Llegar y encontrarme con tu enfado porque no dejé tus cosas en sus sitio después de utilizarlas. Aunque ahora que son mías lo hago.
Daría todo por que estuvieras, que vieras que he madurado, que ya no me muerdo las uñas, que tienes una nieta maravillosa que merecía conocerte y que le enseñaras todo lo que me enseñaste a mí, que las Navidades ya no son igual desde que no estás, que el mundo ya no es tan buen sitio desde que te fuiste.
Que te echo de menos y que seguiré haciéndolo si no vuelves.

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