Te he soñado

Esta noche te he soñado. Llevo aún tu mirada en mis ojos. Y lo he sabido. Al momento. Mientras todo alrededor desaparecía y solo quedaban tus ojos y la brisa, cálida acariciando mi nuca. Te miraba y tus ojos, grandes, inmensos, de una mirada infinita de color miel, me lo decían. Me gritaban “YO SOY”. Y tú eres. Lo sé, sé que eres la respuesta a mis plegarias, sé que eres ÉL, me lo decías al mirarme, y yo también lo sabía.
Me decías que no habrá más dolor, ni más desengaño, que junto a ti no buscaré más porque lo serás todo, que nada es imposible y que tú también me estás esperando.
Sólo ver esa mirada he sabido que es en ella donde quiero perderme para siempre, he sentido tu alma a través de ella, clara y llena de vida, como la mía, he visto tu capacidad de amar y dejar que te amen, tu dulzura y tu firmeza.
Y al cogerme la mano eras yo, eras parte de mí y yo de ti. Y todo estaba bien, nada más existía, sólo tu mirada, sólo tus ojos sonriéndome y dándome paz.
Y ahora te busco, en cada mirada, en cada hombre, en cada sombra. Y sé que te encontraré, sé que reconoceré quien eres cuando me mires, aunque sea por un momento.
Porque mientras soñaba me has mirado, largamente, y he sabido de ti, he sabido quien eres, aunque no sepa tu nombre ni en que cuerpo habitas, pero te he conocido, te he reconocido y, aunque sea en mis sueños, al fin te he encontrado.
Y volveré a soñar contigo cada noche. Y volveré a perderme en tus ojos en cada sueño. Hasta que deje de ser un sueño y pueda vivirte en lugar de soñarte y pueda perderme en tus brazos en lugar de en tus ojos. Y por fin estés en mi vida en lugar de en mis sueños.

2 pensamientos en “Te he soñado

  1. Hace muchos, muchos años, tuve un sueño.
    Soñé que entraba en un salón inmenso, donde se celebraba una especie de cóctel de lujo, mujeres con traje de noche, hombres de etiqueta… Desde la escalera en donde me encontraba, ancha y de pocos escalones, se divisaba todo el salón, y en el centro, vi una hermosa mujer, sin rostro o con el rostro de todas las mujeres del mundo englobados en uno, era bellísima. La mujer tenía clavados sus ojos en mí, nadie la acompañaba, y eclipsaba al resto del concurrido salón.
    Bajando los pocos escalones, fui atravesando el salón lentamente, mientras la gente se abría a mi paso, sin dejar de mirar aquellos ojos clavados en mí.
    Y cuando llegué junto a ella, le pregunté: “¿Eres tú’?”. Y ella, con la voz más hermosa que se pueda imaginar, que transmitía una paz infinita, me contestó:”Si… Soy yo”.
    Aquel sueño me dejó tan marcado que aún lo recuerdo nítidamente, aquella mujer con rostro indefinido y voz inolvidable quedó grabada en mi mente para siempre.
    Solo fue un sueño…

    Me encantó tu artículo. Al leerlo me lo recordó tanto que quise comentarlo aquí.

    Gracias. Sigue escribiendo por favor.
    Rafael

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