Pobre pequeño Príncipe herido…

Pobre pequeño Príncipe herido…
Creyendo que es fuerte, perverso, temible… Rompe sus juguetes y a quienes se los entregan. Juega con el alma de los que le quieren, la moldea a su gusto, la aleja, la acerca, la mantiene atada a su piel y a sus caprichos, para dejarla abandonada cuando le place.
Pobre pequeño Príncipe herido… Alguién rompió su corazón, se llevó su fe, su alegría y sus esperanzas. Y desde entonces va de puerta en puerta, de corazón en corazón vengándose de un pasado que no va a volver, de un capricho que se le negó… Y a los Príncipes no se les niegan esas cosas…
Pobre pequeño Príncipe herido que necesita la atención constante de miles de palabras, de oidos, de ojos y de manos, buscando esa atención con halagos repetidos a todo quien le escucha. Todos a sus pies para poder pisarlos a placer. Porque eso es lo que le place… Pisar de todos lo que alguien un día le negó…
Y así pasan sus días, lamentándose de lo que no fue, de lo que no es, de lo que no será, por mucho que lo reclame, que clame al cielo, que lo exija o que lo intente imponer, porque la carne se puede atar, pero los corazones no…
Y a la vez negándose a sí mismo la felicidad, sólo porque no proviene de donde él eligió…
Pobre pequeño Príncipe herido, tan destruido que no se reconoce en el espejo, que ya casi no recuerda cuál era su deseo. Ese deseo que a veces cree ver reflejado en mil nombres, que luego se convierten en el mismo y le lleva a destruir todo cuanto toca, a alejar todo lo que podría ahuyentar su pena…
Pobre Príncipe herido, copiando su herida en cada mano que le tienden, levantando alto la cabeza para ocultar su dolor y su derrota tras una cortina de dureza y mentiras..
Quise ayudarte, mi pequeño Príncipe blanco, pero, como todos, solo conseguí salir con tu misma herida, esa que tu mismo reabres cada día, con cada una de tus palabras, de tus aullidos al viento sabiendo, aunque negándolo, que a quien van dirigidos hace ya tiempo que no escucha. Y sabiendo que con cada palabra cada vez alejas más y más lo que siempre quisiste. Y me alejaste como al resto…
Pobre pequeño Príncipe herido que en tu loca y ciega carrera cada vez te alejas más de la meta, sólo puedo desearte que un día te des cuenta de que correr tras un imposible sólo lleva a dejar atras las pequeñas alegrías de la vida y a dejar pasar cosas que probablemente te hubieran llenado más.
Porque tú y yo sabemos, mi Príncipe, que lo peor de tu dolor es que una vez conseguido lo que tanto ansías lo único que desearás es destruirlo y alejarlo, para seguir lamentándote eternamente…

2 pensamientos en “Pobre pequeño Príncipe herido…

    • Creo que a casi todo el mundo nos toca pasar al menos una vez por eso. De nosotros depende reconocerlo y sobreponernos, o hacer como el príncipe y dedicarnos a machacar al resto del mundo…. Tu decides. Pero hagas lo que hagas… Sonríe siempre!

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