Palabras que callan

Palabras y más palabras.

Miles, millones de ellas,  que salen del alma y se vierten en unos oídos ajenos o se presentan a otros ojos.

Palabras con sentido, pero con contenido oculto. Pasadas por el filtro de la prudencia o del pudor, para que no acaben de decir lo que quisieran.  Ocultando, evitando y posponiendo esas otras palabras, las grandes palabras que no necesitan de más compañía que de sí mismas para hacerse entender. Palabras pequeñas pero enormes, porque las palabras más importantes son las que menos letras tienen. Amor, todo, nada, nunca, siempre, vida, perdón, pasión, dolor….. Tan pequeñas y tan difíciles de decir cuando son sentidas y reales que las disfrazamos de largas frases, de párrafos sin fin, en los que se intuye su existencia pero poco a poco se diluye, dejando la sensación de un vacío de sentido,  un sentimiento de haberse perdido en medio de tanta palabra y ya no saber si se ha dicho o no, ni si se quería decir lo que parecía o sólo es el deseo de que lo quisiera decir.palabras

Y nos encontramos un día jugando con las palabras de mil formas, sin saber cómo nos apuntamos a la partida, despertando en medio de una larga conversación de palabras infinitas y entramadas, como una telaraña alrededor del alma. Apretando nuestra garganta y nuestro pecho en el esfuerzo de no decir de más, de no destapar demasiado.  Navegando en las palabras que llegan, buceando profundo para intentar encontrar el significado real, atentos a cada acento o pausa, luchando por entender lo que nosotros no queremos decir, para no ser quien se arriesgue primero. Asustados por el ruido ensordecedor que hacen las otras palabras, las grandes pequeñas palabras en nuestro pecho, librando una dura batalla con nuestro cerebro, pidiendo a gritos salir, explotar, volar y así liberarse y liberarnos…… Y nosotros las acallamos, con miles de palabras más, jugando al escondite, dejando ver su primera letra pero ocultando el resto, vaya a ser que se entiendan, que se adivinen, que se sepan y que quedemos expuestos con el corazón a la vista y los sentimientos sobre la mesa, perdiendo la partida, expuestos a un jaque mate fulminante, porque sólo cuando alguien sabe lo que sentimos es cuando puede herirnos y ya no valdrán las palabras para cerrar la herida.

Miles de juegos de palabras, miles de reacciones y sentimientos, que igualmente se difuminan en la duda, tendiendo siempre a entender lo menos transcendental, lo que menos implica, lo que menos asusta. Y diciéndonos a cada momento que algún día, más adelante, en algún momento, estaremos preparados para decir todo aquello que callamos, sin pensar que quizás ese algún día será demasiado tarde y sólo nos quedarán palabras de arrepentimiento por no haberlo hecho antes.

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